Juan Ranieri en Smart Gallery

Desde su estudio en la zona de Retiro, Juan Ranieri (Buenos Aires, 1969)puede ver diferentes paisajes contrastantes, la opulencia, los aledaños del puerto, las construcciones precarias, el pasaje de barcos  con contenedores con su carga sospechosa, los vetustos trenes con grafitis, un símbolo más del descuido y la decadencia.

Arquitecto, ejerció la docencia en la UBA pero está actualmente dedicado a las artes visuales.

Agudo observador, testigo de lo que ve, de la ciudad que se precariza  en imágenes construidas con chapas oxidadas, cartones, brea, pintura de aluminio, desechos industriales y actualmente con masilla elastomérica como fondo, acrílico, esmalte, es decir, materiales comunes de la vida cotidiana y del mundo en que vivimos que se han convertido en elementos cargados de significados, así lo ejemplificó Robert Rauschenberg  cuando en 1955 señaló que “un par de calcetines no es menos adecuado para hacer pintura que la madera, los clavos, el aguarrás, el aceite o el lienzo”, es decir , llevar la realidad al arte, lo que cambió la forma de entenderlo.

 Su crítica e ironía están en títulos como “El triunfo del Estado Nacional”, la serie de los trenes a los que nos referimos, “Voto Cautivo Hotel”, las construcciones precarias en altura de las villas, “Los juegos del hambre en el granero del mundo”, “El rol de nuestras FFAA”, por ejemplo, la obra que ilustra la tapa del catálogo, un avión en picada descascarado y obsoleto.

Título de la muestra: “¿Qué hacemos mal? La respuesta: la corrupción, la connivencia con el delito, los interés espurios, el ejercicio depravado del poder, el atraso educativo y tecnológico, el nulo control  aéreo y marítimo de las fronteras, absolutamente permeables, la falta de incentivo, una fuerza naval  que no puede navegar, una fuerza aérea que no tiene con qué volar.

Las páginas del catálogo de lo que hacemos mal no pueden numerarse.

En su ensayo “De la pintura” , León Battista Alberti  (Génova, 1404-1472), primer teórico artístico del Renacimiento,  escribe: “no debería haber ninguna diferencia visual entre mirar un cuadro y mirar por la ventana que muestra lo mismo que esa pintura”.

Estamos en 2018. No creemos que Ranieri siga los postulados de Alberti, largamente superados en el correr de la historia del arte, pero lo que sí hace y aunque pinte el paisaje que lo rodea, el arte está a cierta distancia de la realidad y Ranieri encarna esas visiones.

Ranieri se permite dentro de una arquitectura severa, ciertas inclusiones alusivas a que no todo está perdido, un barrilete, las nubes que atraviesan celestes cielos sobre una ciudad de tantos contrastes, su visión crítica que evita golpes bajos  evitando caer en lo panfletario.

Los toques de color, las incisiones sobre el material no convencional,   la calidad del grafito permiten también que el contemplador no se quede en la superficie sino que intente descubrir lo que se oculta detrás de la visibilidad de la imagen.

Publicado en Ambito Financiero