Carlos Alonso en Fundación Fortabat (nota y audio)

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En el décimo aniversario de la Colección Amalia Lacroze de Fortabat se  profundiza su compromiso con el arte argentino  con “Vida de pintor, Carlos Alonso”.  Las obras han sido seleccionadas por el artista y la  coordinación a cargo  de Pablo Alonso y Luis Rodolfo Cuello.

A propósito de las obras, varias de ellas  muy conocidas  que se inscriben en la admiración del artista por maestros emblemáticos de la historia del arte, el artista dijo: “yo mismo me he preguntado por qué esta tendencia a revivir a partir de obras de otros autores, por qué esta necesidad de apoyarse en obras del pasado, ya consagradas y respetadas. Puedo decir que es la necesidad indudable de ese respaldo…sentir que uno es parte de una cadena, un eslabón de una cadena, que viene de otras…una forma de tomar aliento, de tomar fuerza, bebiendo en fuentes…aún llenas de savia, de vitalidad y de potencia”.

Para el visitante, una fiesta doble. La obra de Alonso, su personal interpretación en la que no escatima desnudarlos sin concesiones, revelando pasiones, mezquindades, bellezas, fealdades, el dolor, la degradación del cuerpo, la muerte.

¿Quiénes están en este festín? En 1990 recreó el mundo de Van Gogh en una memorable muestra “El pintor caminante” en el Museo Nacional de Bellas Artes. En ese momento señalamos que la emoción nos invadía.

A 28 años de esa muestra, la visión de algunos de esos cuadros sigue conmoviéndonos por su intensidad, por mostrarnos su pasión por la pintura, por su reflexión sobre el trágico destino. Imágenes de Van Gogh  con sus vendas o  muerto sobre una lápida en un paisaje invernal, su famosa habitación en un rincón del cuadro en el que empleaba la deconstrucción de la imagen. Entre los  Monet, es memorable aquel  con sus cuencas negras cubierto con una colcha que remite a las ninfeas.

Renoir en su silla de ruedas, cubierto con una manta, su mano artrósica, cuánta compasión la de Alonso por la dolorosa vejez del maestro. Courbet en su taller, la lujuria de su mesa de trabajo, flores, frutas, pinceles, tarros de pintura, Egon Schiele en su lecho de muerte, una figura mística que fallece muy joven, obra muy despojada.

También algunos de los 70 retratos que hizo de Lino Enea Spilimbergo. Debe recordarse “Todo Lino”, una muestra exhibida en Art Gallery International, épocas floridas del recorrido habitual por las galerías de la calle Florida y que desató mucha controversia por mostrar a un Spilimbergo azotado por la enfermedad, vendado, sufriente, casi olvidado.

No era el Spilimbergo adorado por sus discípulos, consagrado por la crítica, comprado por los coleccionistas. Así se atrevió a mostrarlo, como una ruina, “algo que finalmente era el propio destino de cada uno”, según sus palabras.

Reconocemos a Rómulo Macció “Balcón en la Boca” de 1986, sentado, mirando a la lejanía rodeado de macetas  con flores, cubierto por una tonalidad dorada muy lejos del clima boquense.

Preside uno de los extremos de la sala “La Manta Salteña”, un cuadro vertical, en la parte superior un lánguido desnudo –Alonso siempre demostró gran maestría en sus desnudos femeninos– atraviesa la cama. El artista,  sentado , en el otro extremo. Cuadro intenso, profundo, de oscuras connotaciones.

“Inventario N°1 y N°2. Tanto para ver y analizar entre esos elementos desparramados, revueltos, un aquelarre. Nos recordó la reproducción del estudio de Francis Bacon que se podía espiar por una pequeña hendija en el Museo de Dublin.

A lo largo de su trayectoria, Alonso jamás se inclinó ante las modas y las leyes del mercado, pinta en la soledad de Unquillo, fiel a una figuración que no cayó en clichés ni convencionalismos.

Imágenes intranquilizadoras, provocativas, conmovedoras, , alejadas de toda banalidad, alejadas de la famosa y proclamada muerte de la pintura a fines de los 60, pintando la esencia del ser, con mirada crítica que invita a una permanente interpelación al sistema constituído y a  la pasividad.

 

Publicado en Ambito Financiero